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Feb
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1. ¿POR QUÉ “COMIDA, NO BOMBAS!”?

Comida
El mundo produce suficiente comida para alimentar a todos si la distribución es equitativa. Hay abundancia de comida. De hecho, cada día en cada ciudad, se descarta más comida de la que se necesita para alimentar a aquellos que no tienen bastante para comer.

Considere esto: Antes de que la comida llegue a su mesa, ésta es producida y manejada por granjeros, cooperativas, fabricantes, distribuidores, comerciantes al por mayor y minoristas. Parte de la comida comestible es descartada por distintas razones comerciales en cada parte del proceso. En una ciudad promedio, aproximadamente el 10% de todo el desperdicio sólido es comida. Esto da un poco menos de 100 kilos por persona al año.

Para recuperar esta comida comestible y usarla para alimentar a la gente deben combinarse tres elementos importantes. Primero, la comida debe ser recolectada. Segundo, debe ser preparada de forma apropiada para su consumo. Tercero, las personas que la necesitan deben tener acceso fácil a ella.

La razón por la cual esto no sucede no es accidental. No tenemos derecho a opinar democráticamente sobre cómo se produce la comida o cómo se distribuye. Las clase sociales más bajas son el resultado de políticas que promueven la dominación y la violencia. En nuestra sociedad todavía se acepta obtener ganancias a costa del sufrimiento y la miseria de otros.

Según Cáritas, sólo en España 1,5 millones de personas sufren pobreza severa y alta exclusión social y más de 8 millones padecen pobreza (1 de cada 5). En Europa, la cifra alcanza los 80 millones y en todo el planeta hay 1.400 millones de personas en situación de pobreza extrema.

UNICEF denuncia que España tiene una de las tasas de pobreza relativa en niños más altas de la UE, solo por delante de Rumanía, Bulgaria, Letonia e Italia. En nuestro país, uno de cada cuatro niños (un 24,1%) está en riesgo de pobreza relativa. Esto significa que casi dos millones viven en hogares con unos ingresos inferiores al 60% de la mediana nacional (unos 14.300 euros al año para un hogar de dos adultos y un menor de 14 años, o de 16.680 para dos adultos y dos menores).
De acuerdo con la Escuela de Salud Pública de Harvard, las personas que viven debajo de la línea de pobreza pasan hambre por lo menos una vez por mes. Increíblemente, menos del 15% de estas personas son indigentes. Es más, la explosión de hambre ha dejado atrás la habilidad de los programas existentes tanto gubernamentales como privados para satisfacer esta crucial necesidad.

Muchos no comprenden que los datos demográficos de aquellos que pasan hambre han cambiado dramáticamente. Durante la última década, ellos se han vuelto:

• Más jóvenes.
• Más pobres.
• Con menores tasas de empleo.
• La mayoría son mujeres.
• Y tienen menos posibilidades de superar la pobreza.

Claramente, la mayoría de las personas que pasan hambre hoy no es la imagen estereotipada de la persona de la calle que los medios de comunicación presentan. Las personas que pasan hambre son los niños, los padres solteros (principalmente mujeres), el trabajador pobre, el desempleado, el anciano, el enfermo crónico…

Además de la recogida y distribución de comida sobrante, ”Comida, No Bombas!” promueve el vegetarianismo. Si practicamos una dieta más vegetariana y exigimos comida local producida orgánicamente, promovemos prácticas de cultivo ecológicas y apoyo para las granjas más pequeñas, y con ello la descentralización de los medios de producción de comida y un control democrático sobre la calidad de comida producida y de la tierra. Se puede alimentar a más personas con el producto de una hectárea de tierra con una dieta vegetariana que con una dieta basada en carne. La tendencia de nuestra sociedad a seguir una dieta cárnica permite la existencia de grandes negocios transnacionales que dependen de fertilizantes químicos y pesticidas, resultando esto en la pérdida del valor nutricional de la comida producida y la destrucción del medio ambiente. Toda la carne producida en serie está llena de químicos, hormonas, drogas, refuerzos y conservantes, y toda la leche industrial está contaminada con substancias radiactivas. La dieta vegetariana es mejor para el ambiente, consume menos recursos y es más saludable para nosotros.

Mientras nosotros animamos a la gente a conocer el vegetarianismo por razones políticas y económicas, esta medida tiene varios beneficios inmediatos. La gente tiende a optar por una dieta más saludable cuando aprenden más sobre el vegetarianismo. Asimismo, dar a conocer a las personas los beneficios para la salud de una dieta vegetariana crea un conjunto de actitudes saludables y positivas hacia nosotros, los otros y el planeta. Por consiguiente, toda la comida que preparamos es estrictamente en base a verduras, es decir, ningún tipo de carne, pesca, leche o huevos.

No Bombas
Se requerirá imaginación y trabajo para crear un mundo sin bombas. Estar en el centro de la acción con nuestra comida es parte de nuestra visión. A veces organizamos el evento; y otras veces proporcionamos la comida para los eventos de otras organizaciones. Hemos proporcionado comida en acciones directas de larga duración como el Campamento de la Paz Anual en el Área de Pruebas de Armas Nucleares en Nevada, San Francisco, Boston, Nueva York y Washington, D.C. y hemos alimentado regularmente a indigentes en muchos lugares.

Cómo ”Comida, No Bombas!” obtuvo su nombre
Durante 1980 un grupo de amigos que participaban activamente en protestas contra el Proyecto de Poder Nuclear de Seabrook estaban investigando la manera de conectar los problemas del poder nuclear y el militarismo. Uno de nuestras muchas actividades era rociar pintura con lemas antinucleares y antibélicos en edificios públicos y veredas usando esténciles. Uno de nuestros lemas favoritos era: “DINERO PARA COMIDA NO PARA BOMBAS” en la vereda de la tienda de comestibles existente en nuestro vecindario. De ahí surgió el nombre. Teniendo un eslogan el mensaje de nuestro grupo sería claro y repitiéndolo una y otra vez en los medios estaríamos haciendo llegar el concepto político de comida y no bombas al público. No tendríamos que hacer proselitismo porque nuestro nombre lo diría todo.

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